♦ El hombre debería utilizar su uerpo como Catapulta


Mientras el entérico avanza, avanza y avanza, el antérico regresa, regresa, regresa, en sentidos completamente diferentes. Mientras que uno es el futuro, el otro es el pasado.

La materia inerte está conformada por moléculas atómicas y las bioatómicas son  las plantas, los animales y obviamente el hombre. Todo tipo de molécula que es consumida, que es transformada, que es destruida es reciclada. Es decir:  al consumirse, cumple su función  con el antérico y al retransformarse vuelve otra vez al futuro presente; se transforma   en otro material y busca la materia nuevamente al entérico. Así sucesivamente se consume, le sirve al consumirse al antérico y después al transformarse al dar nueva dinámica su transformación se va al presente futuro y le sirve al entérico; sigue al entérico más no así las moléculas biatómicas porque son otra mecánica, son otro derrotero, es otra manera de funcionar o de fusionarse.

Todo lo que se consume, llámese átomos, moléculas atómicas o moléculas bioatómicas,  al consumirse todo regresa hacia  atrás, queda en el presente e inmediatamente pasa al pasado al consumirse es cuestión de tiempo.

El tiempo se está dando, es pasante y en ese momento está quedando atrás. Así es, al estarse consumiendo van quedando atrás todo tipo de moléculas atómicas y bioatómicas.  Hay una diferencia marcada en las moléculas biatómicas; entre la el de las plantas, los animales y el hombre. Aparte de pequeñísimas  bacterias dinámicas que existen, que no alcanzamos a ver, que forman las moléculas, los bioátomos que nos forman y nos dan vida, hay bacterias pequeñísimas que nos componen, que existen en las aguas, que existen en los alimentos etc. Están contenidos ahí y de ahí toma nuestro organismo de las aguas y de los alimentos  esas bacterias, esos pequeñísimos seres vivientes que no son más que las vitaminas, los minerales etc.

Todo lo que se consume pertenece a lo antérico. El gran problema del hombre es que independientemente de las plantas, los animales y los demás tipo de vida por microbiana que sea, el hombre es un gran centro de energía, es una gran molécula, con un gran centro de energía que son sus conceptos, su inteligencia, sus pensamientos, sus sentimientos etc. Desgraciadamente el cuerpo del hombre va a pertenecer al antérico, al instante mismo de su muerte. De hecho, ya está condenado desde que nace a que su cuerpo va a pertenecer a él, desgraciadamente digo,  porque el hombre no usa como catapulta su cuerpo, no lo usa como un envase, no lo usa como un vehículo para transportarse a donde se tiene que transportar: a lo más precioso de su ser, al ente, su ente, y se aferra a su cuerpo. Como no alcanza a ver más allá de su cuerpo y la materia, se aferra a su cuerpo, se aferra a sus cosas, a sus pensamientos, a sus posesiones materiales, se ve afectado, dañado, retenido por la materia y se queda aquí aferrado en su cerrazón, en su ceguera, en su fanatismo, en sus creencias. Se aferra a su cuerpo y se aferra a su casa a sus propiedades, a sus creencias,etc.

Todo a lo que se aferra el hombre va siendo consumido por el antérico, inevitable e invariablemente pertenece y es alcanzado por el antérico. Invariablemente todo hombre está destinado a ello debido a la forma de pensar, de creer, de sentir y de existir. Toda la cultura del hombre para allá está encaminada.

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